En Salobreña es casi imposible no comer bien. La gastronomía salobreñera se sustenta de tres pilares: el mar, la vega y en el saber de infinidad de mujeres y hombres, que han sabido dar variedad y sabor a los guisos de su tierra.
Cuenta con una tradición culinaria antiquísima por las múltiples civilizaciones que han recalado en sus costas, que dan origen a platos de gran calidad y variedad. Los pescados y mariscos de su mar, las legumbres, verduras y hortalizas, cerdos y terneras, componen la materia prima de una cocina con inspiraciones y estilo mediterráneo. Las migas de pan o harina de sémola, el gazpacho, los espetos de sardinas, las espichás o boquerones secos fritos en aceite de oliva, el "ajo blanco" cuyo ingrediente principal son las almendras... platos exquisitos que bien merecen ser degustados en una buena mesa al borde del mar o en uno de los muchos restaurantes repartidos por la villa que poseen un encanto natural.
Como pueblo pesquero que es, Salobreña se preocupa de preparar buenos pescados, en freírlos con esmero y en servirlos muy frescos. El pescaíto frito se acompaña de buena ensalada, hecha con lechuga tierna y crujiente de las vegas próximas y trozos de aguacate y de otras frutas tropicales que le dan un sabor peculiar.
De pueblos vecinos como Vélez Benaudalla toma Salobreña la tradición de los pestiños, dulces de origen morisco que precisan una gran destreza culinaria. Se trata de una masa de harina, canela, vino blanco, aguardiente o en su defecto anís y sal, bien amasada y cortada en tiras que se fríen en un aceite preparado de antemano, en el que se ha frito levemente corteza de naranja, ajónjoli y matalahúga. La tiras de masa se doblan como un lazo antes de echarlas a la sartén y después de un punto justo de fritura se emborrizan y empanan en aguamiel que se deja cristalizar sobre el pestiño en reposo.
De los productos agrícolas de Salobreña destacan sus frutas y hortalizas subtropicales. Además del aguacate, que se puede comprar todo el año, y chirimoya, propia de diciembre a febrero, no debe olvidarse el exquisito boniato. En Salobreña también se elabora buen ron, que debe degustarse con un trocito de caña de azúcar en el vaso.
Las frutas y hortalizas pueden comprarse en las tercenas y corridas y en el mercado se puede adquirir el pescado fresco, recién traído por los pescadores del pueblo.